ESAS COSAS SUCEDEN.
Pablo era un tipo con mala suerte, un tipo que nadie quería, su pasatiempo favorito era arrojar mascotas desde un edificio para verlas estrellarse contra el asfalto, podrían pensar que era un tipo despiadado, pero no, no lo era.
Mientras Pablo camina sin rumbo por las calles de su ciudad, un recuerdo aparece en su mente, a la edad de 12 años vio como un camión atropellaba a una niña, pedazos del cuerpo de ésta estaban esparcidos por la carretera, cerca de Pablo había un bracito, ese día Pablo se sintió miserable.
Lucrecia colecciona barquitos de papel, y no, nunca había visto a un carro atropellar a alguien, lo mas cerquita que había estado de presenciar la muerte fue unos meses atrás cuando su perro sputnik murió por causas naturales según le explico el veterinario;
Su familia podría decirse conformaban la típica familia pequeño-burguesa; una madre devota de los quehaceres de la casa y que alimenta su rutina con pequeñas dosis televisivas, y un padre que veía rara vez en casa, debido a sus compromisos laborales.
Ese día había empezado para Lucrecia como todos los demás, con su rostro triste y solitario en el espejo. En la sala de su casa su madre absorta en la televisión veía una noticia en donde aseguraban que un espíritu del mal había poseído a unos niños, Terminada la nota periodística, la madre con voz de angustia repetía a su hija lo que segundos antes había escuchado en la TV, Añadiendo además comentarios apocalípticos, en donde aseguraba que tiempos difíciles se aproximaban e incluso afirmaba con total seguridad, que el mundo pronto se iba acabar y que había que pagar por lo hecho.
Lucrecia ignorando todo lo que su madre vociferaba en la sala, miraba por la ventana y pensaba que seria bonito que llovieran ranas, como en aquella película que la noche anterior había estado mirando.
Ignorando el intrincado mecanismo de la casualidad, pablo se dirigió hacia un pequeño jardín en donde logro capturar un rana verde y viscosa, ansioso por la captura matutina, corrió y corrió hasta llegar a su edificio predilecto de la ciudad, en donde solía realizar su ritual de destrucción.
Pensando en cual seria la manera más dramática de morir Lucrecia llegó a la conclusión de que lo mejor seria arrojarse de un edificio, tan solo le basto caminar dos cuadras para estar segura de su decisión, miro hacia arriba y vio algo descender a toda velocidad, segundos después el rojo manchaba sus zapatos, si, estaban lloviendo ranas.
Después de haber recibido tan fidedigna señal del destino Lucrecia subió apresurada hasta el último piso; pronto se percato de que no estaba sola.
Antes de arrojarse Lucrecia miró a Pablo y le pregunto que si era feliz, Pablo no supo que responder.
Lucrecia modulo una oración muda, a un dios sordo. El sol se posó en su cara, Pablo observo casi extasiado el brillo de sus ojos, nunca antes había visto unos ojos tan azules como los de ella, sintió que era feliz.
Abajo en la carretera, desde la ventanilla de un bus, un niño mira con horror, ve a una mujer caer; de fondo se escucha Everybody Hurts de R.E.M.
Pedazos de cráneo se esparcen en la carretera, la gente como hipnotizada, poco a poco se aglutina para mirar con mayor detenimiento lo sucedido.
En las afueras de la ciudad una mujer repite a su hija adolescente la noticia del día: Mujer joven decide quitarse la vida lanzándose de un edificio a causa de una decepción amorosa.



